jueves, 11 de noviembre de 2010

Rufai, el príncipe heredero

Mala señal es para un jugador el ser más mencionado por alguna curiosidad extradeportiva que por sus actuaciones sobre el terreno de juego. Cosa que sucede con nuestro protagonista, Peter Rufai, a quienes pocos recuerdan por sus habilidades como portero pero todos por su condición de príncipe. Y es que el nigeriano era el hijo del rey de Idimu, una región cercana a la capital, e incluso estaba destinado a ser el sucesor cuando su progenitor muriera.


Sin embargo, a Rufai jamás le interesó la nobleza, aunque su condición de príncipe le abrió más puertas de las que le cerró. Entre otras cosas, le permitió dedicarse al futbol de forma profesional, a pesar de que sus aptitudes no eran para tirar cohetes. De no haber pertenecido a una clase acomodada en Nigeria, difícilmente Rufai podría haber dado el salto a la Liga belga a principios de los '90 para enrolarse en las filas del Lokeren y más tarde del Beveren.


Y no solo eso. Siempre corrió el rumor de que sus frecuentes llamadas con la selección nigeriana también eran fruto de su 'sangre azul', si bien hay que reconocer que con las águilas verdes no le fue nada mal. El problema dentro de la afición española es que, tras una horrible fase de grupos durante el Mundial del '98, la Roja dependía de Rufai para pasar a octavos de final en un partido entre Nigeria, clasificada, y Paraguay, que se jugaba la otra plaza con España, y en aquella ocasión el portero africano no estuvo precisamente acertado...


Para aquella época Rufai ya militaba en la Liga española, a la cual llegó en un mercado de invierno fichado por el Hercules del Farense, uno de los múltiples equipos en los que jugó. En su primer año al máximo nivel solo disputó una decena de partidos, así que a los alicantinos no les importó demasiado que al verano siguiente se fuera al Deportivo de La Coruña. En Galicia se topó con un Songó'o que atravesaba su mejor momento y que le dejó solo las migajas a un Rufai al que la portería del entonces SuperDepor le quedaba grande.


Sin embargo, para el recuerdo siempre quedará el penalti que le detuvo a Savio en un partido ante el Real Madrid en que le tocó suplir a Songo'o. Pero, como decimos, lo que siempre acompañó al arquero fueron las anécdotas relacionadas con su condición de príncipe heredero. En el Hércules, por ejemplo, sus compañeros le ponían toallas en el suelo a modo de alfombra y le dibujaban coronas en la pizarra, mientras que el Depor tuvo que darle en una ocasión permiso para que viajara a su país a discutir la línea de sucesión de Idimu, su pueblo, al haber fallecido su padre. No obstante, Rufai fue feliz en España, como demuestra el hecho de que se haya quedado a vivir e incluso haya abierto una escuela de porteros.

Fuente: http://www.mercafutbol.com/

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